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15 febrero 2018

La adoración en el desierto

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días. (Salmo 23:5-6)

En los versículos 5 y 6 David cambia un poco la metáfora, del buen pastor al anfitrión afable. Jehová coloca una suntuosa comida ante él, un gran banquete, en presencia de sus enemigos. Esta figura incluye todas las figuras que ha usado David con anterioridad. El hecho de que Dios alimente y provea, nos dirija y proteja, está todo ello unido en este símbolo del anfitrión afable.

Resulta interesante que esta figura surge de la situación histórica acerca de la cual escribió David. Cuando David fue llevado al desierto por la rebeldía de su hijo, se encontró en el desierto hambriento y cansado, su ejército en desorden. Tal y como dice en 2 Samuel 17, tres hombres que ni siquiera eran israelitas, Sobi, Maquir y Barzilai, trajeron “camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados, miel, manteca, ovejas y quesos de vaca, para que comieran; porque decían: ‘El pueblo está hambriento, cansado y sediento en el desierto’” (vv. 28-29).

David vio en esto que Dios, como un anfitrión benévolo, estaba preparando una mesa ante él en presencia de sus enemigos. Pablo lo dijo de la siguiente manera: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Una nota final es que la palabra seguir en el versículo 6 significa literalmente “perseguir”. David dice que la bondad y la misericordia de Dios le seguirían, en contraste con el hecho de que le siguiesen sus enemigos para quitarle el trono y para destruirle. El deseo de David era regresar al tabernáculo y adorarle allí. La misericordia y la amabilidad de Dios debieran evocar la misma respuesta en nosotros. Nosotros no adoramos en un tabernáculo, sino, como dijo Jesús: “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Nosotros adoramos por medio del hombre interior, donde habita Dios. Cuando nosotros vemos que el Buen Pastor nos alimenta, nos guía y nos protege, nuestra reacción debiera ser la adoración, reconociendo todo lo que es Jehová, una palabra de gratitud por lo que Él ha hecho, y la afirmación: “He aquí más de mí mismo para que Tú lleves a cabo los propósitos que Tú tenías planeados”. Esa es la verdadera adoración.

Padre, Tú eres el Buen Pastor. Tú eres digno de toda confianza. Aliméntame, guíame y protégeme. Me entrego a Ti con una adoración agradecida.

Aplicación a la vida

¡Dios se ofrece a tratarnos como si fuésemos invitados a Su mesa! Él nos prodiga Su amor a nosotros, que somos pecadores. ¿Estamos nosotros resistiéndonos a ese amor asombroso y no adorándole a Él con nuestras vidas?

Ray Stedman