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28 febrero 2018

Un cántico de resurrección

Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán y confiarán en Jehová. (Salmo 40:2-3)

El Espíritu Santo habló de una manera maravillosa por medio de David, haciendo que dejase constancia de sus propias experiencias al mismo tiempo que expresó verdades que estaban por encima de su experiencia. Su lenguaje fue mayor que el acontecimiento que estaba intentando describir. El único cumplimiento final debía de tener lugar en los días venideros cuando aparecería el Mesías en la carne entre los hombres. El Salmo 40 es, en un sentido, la verdadera biografía del Señor. Él mismo nos dice por qué vino a la tierra, lo que se realizó y cuáles fueron Sus experiencias.

Esta es una descripción de la resurrección: “Él me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso” o, como se dice en hebreo: “del pozo del tumulto”, de una terrible experiencia, del lugar de la desolación, la desesperación y la muerte.

Con frecuencia la vida está llena de muerte. Toda experiencia que es contraria a lo que ha diseñado Dios para nosotros es una experiencia de muerte. La amargura, la vergüenza y el sufrimiento, el odio, la avaricia y la soledad, son todas ellas formas de muerte que aparecen en nuestras vidas ahora. Eso era lo que estaba experimentando nuestro Señor. Él entiende estas cosas porque Él mismo las ha pasado. Al final le llevaron, como nos llevarán a nosotros, al momento final cuando se acaba la vida y tenemos la muerte ante nosotros, la profunda y oscura desolación de la muerte. Pero, nos dice Él, el Señor me sacó de eso. Él me levantó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, y puso mis pies sobre la roca e hizo que mis pasos fuesen seguros.

Esta es una preciosa descripción de la experiencia de la resurrección. Ninguno de nosotros ha resucitado jamás. Hay una gran diferencia entre lo que le sucedió a Lázaro y lo que le sucedió a Jesús. Lázaro fue realmente resucitado, fue restablecido a esta vida casi como si le hubiesen hecho el boca a boca para resucitarle, pero Jesús resucitó. Él fue el primogénito de entre los muertos. Pasó por una experiencia totalmente nueva de vida que Dios había diseñado desde el principio para la humanidad. Eso es lo que el Mesías está describiendo aquí. El resultado es que puso “en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios”.

Un cántico nuevo describe una experiencia nueva. Cuando Dios hace algo grande por usted, usted no se sienta y recita un proverbio o compone un párrafo o se inventa una receta. Usted escribe un cántico, porque cantar es una de las mejores maneras de expresar lo que nos está sucediendo. Así que tiene un cántico nuevo para celebrar una nueva manera de vivir, una vida resucitada. El efecto de esta vida de resurrección, nos dice, va a ser muy extendido. “Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová” (v. 3b). El efecto de la resurrección de Jesús fue que la historia del cristianismo, el mensaje del evangelio cristiano, explotó en el mundo romano al extenderse literalmente la iglesia, yendo en todas las direcciones y conmoviendo el mundo de aquel entonces.

Señor, Tú tienes el poder de hacer que surja la vida de la muerte. Te doy gracias porque, por medio de la resurrección de Jesús, Tú me has dado una nueva vida.

Aplicación a la vida

La amargura, la vergüenza, el odio, la aflicción y la soledad son todas ellas formas de muerte. ¿Creemos nosotros y actuamos basándonos en Su Presencia que mora en nosotros para disipar cada una de las formas de muerte que experimentamos?

Ray Stedman