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18 febrero 2018

...y pensar que cada bendición tiene un propósito tan grande

Hechos 13:47 Nueva Traducción Viviente (NTV) Pues el Señor nos dio este mandato cuando dijo: “Yo te he hecho luz para los gentiles, a fin de llevar salvación a los rincones más lejanos de la tierra”».

Últimamente he escuchado mucho de muchas personas este asunto de buscar más el porqué y el para qué de las cosas en vez de simplemente el qué en si, lo cual me hace mucho sentido y tiene mucho que ver con lo que Dios siempre ha esperado y buscado de nosotros.

Lo importante al reflexionar esto, es también el llevarlo al plano de nuestra intimidad y al plano de nuestra oración incluso, pues nos debe de ser importante en incluso relevante el considerar que la bendición cotidiana debe de tener un propósito mucho más profundo y mucho más trascendental que el darnos tranquilidad o el hacernos sentir amados por Dios o el hecho de sentir validada nuestra fe, ¿lo ha pensado?

Lo escribo casi a diario, debemos de buscar lo eterno, pero aún en las cosas pequeñas del día a día, aún en las cosas que para muchos no son importantes, pues somos hijos de un Dios que no desperdicia tiempo que no desperdicia ninguna oportunidad para establecer su Reino y para cumplir sus promesas pactadas en su palabra, lo único que necesita de nosotros es que seamos el vehículo para que suceda, ni siquiera necesita que intervengamos, solo necesita que le permitamos usarnos para ser luz en todo rincón de la tierra.

Ahora bien, no podemos evitar el considerar que Dios no deja de ser un Dios de orden y para que pueda bendecirnos a nosotros ó a cualquier persona sobre la tierra, debemos de primer hacer de Jesús nuestro Señor y nuestro Salvador, de modo que recibamos salvación y estemos en la condición constante y permanente de ser objeto de la justicia de Dios y de su constante favor, no es que Dios excluya a los demás, sino que necesita que no nos perdamos de absolutamente nada.

Ahora bien, ¿por qué necesita que seamos salvos?, porque eso nos pone en el plano de ser transformados de regreso a su imagen y a su semejanza (Filipenses 1:6), de esa manera dejaremos de estarnos esforzando por “ser buenos” y estar por así decirlo “vendiéndonos” con Dios como si pudiéramos intercambiar nuestras buenas actitudes por bendiciones y favores y estaremos reflejando cada día más a causa de su trabajo y transformación en nosotros su luz a los demás y esa luz no es algo físico, pero si es algo tangible, la manera en la que hacemos las cosas cambiará, de manera que sea cada vez más sencillo y cada vez más efectivo lo que hacemos y podamos todo el tiempo caminar confiados sabiendo que tenemos como respaldo al Creador del Universo y que habrá cada vez menos situaciones que nos afecten, de acuerdo a la consciencia que tengamos para ejercer nuestra identidad en el Reino de Dios establecido por nosotros mismos con el objetivo que Dios nos dio en lo particular.

En otras palabras, Dios nos dio el tremendo regalo de la salvación como la llave a una vida llena de éxitos y satisfacciones permanentes, que iremos desarrollando tanto como permitamos que él haga su trabajo en nosotros, tanto como le permitamos que seguimos siendo hechos a su imagen y con la capacidad de expresar su naturaleza (semejanza) y que no hay nada por lo que nos debamos esforzar, pero que si debemos de insistir en expresar por medio de esa nueva naturaleza que nos ha dado y que podamos por medio de esa expresión contagiar y contaminar los ambientes que nos rodean, de modo las personas a nuestro alrededor adopten nuestro estilo de vida y se permitan el dejar de vivir de la manera forzada y a veces llena de juicio que lo hacen.

De modo que la bendición y el favor de Dios en nuestras vidas, aún los más pequeños y más sencillos tienen 100% que ver con el hecho de llevar salvación al mundo, esto por medio del método del contagio y la contaminación, es decir por medio de la predicación con el ejemplo y la convicción que otros tendrán al vernos caminar plenos y confiados al grado que comiencen por imitarnos.

Si no tomamos esa consciencia, difícilmente seremos parte del Reino y difícilmente recibiremos los beneficios, por tanto, ¿qué tanto hace usted consciencia y uso de su salvación y de la asombrosa promesa guardada en Filipenses 1:6?

Rene Giesemann