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09 marzo 2018

Pesca milagrosa en nochebuena

«Durante lo que para muchos es una época de escasez... en la pesca, Musin Suárez tiene fama de ser pescador sobresaliente...; fui a conocerlo y a enterarme de las razones de su éxito», narra María Benedetti en su obra compuesta de entrevistas con pescadores comerciales de Puerto Rico entre 1991 y 1995, titulada Palabras de pescadores.

»—Hay que pescar todos los días [—le dijo Musin a María—].... En cada puerto ‑en Arecibo, Vega Baja, San Juan, Aguadilla, Mayagüez, Cabo Rojo, La Parguera‑ hay pescadores que sobresalen. Esos pescadores nunca se quejan.... La pesca es lo que más les gusta, y van todos los días. No es como los que dicen: “Yo soy pescador”, y van a pescar una vez a la semana....

»... Para ser pescador, tiene que gustarle. Yo, por ejemplo, vengo de un día de pesca y ya quiero que amanezca para irme bien temprano. ¡Porque me gusta! Si a usted le gusta, va a hacer las cosas bien. Y si hace las cosas bien, ¡va a pescar!...

»—A través de los años que lleva pescando, Musin, ¿ha observado una merma en la pesca? [—preguntó María.]

»—...Para mí es que los corales se han deteriorado por la contaminación [—le respondió Musin—]; [ya] no se ven los que se veían antes....

»... Un vecino mayor, don Ramón Cabán, una vez me contó que venía la Nochebuena y había estado el clima bien malo. No había pejes. No había nada de comer para la Nochebuena. Entonces don Ramón fue a la boca del río a ver si pescaba por lo menos algo para pasar la Nochebuena. Tiró la atarraya, con las ganas que tenía de llorar, y agarró una cantidad de róbalo que no se explica. Porque no había nada en aquellos lares. Fue un milagro que le sucedió para la Nochebuena.

»“Antes, Dios andaba por el mundo”, decía. Eso quiere decir que había mucho pescado....

»—Musin, es un placer y un honor tratar con una persona tan trabajadora, una persona que realiza un trabajo que le apasiona [—lo felicitó María]....

»—Sinceramente le digo [—repuso Musin—], que si hay un médico o un abogado o un ingeniero o un maestro o un barrendero que le guste tanto ser médico o abogado o ingeniero o maestro o barrendero como a mí me gusta ser pescador, ¡esa es una persona feliz!»1

Tiene razón este perito pescador puertorriqueño: Al que le gusta el trabajo que hace, por lo general le va bien. De modo que al que le toca ganarse la vida haciendo algo que no le gusta, más vale que cambie su actitud y le encuentre algo que le guste; o, de lo contrario, que cambie de trabajo y comience a hacer algo que sí le gusta. Ahora bien, en muchos casos lo que más nos agrada es lo que menos contribuye a nuestra prosperidad material; pero a la larga ese sacrificio económico vale la pena, porque el hacer lo que más nos satisface contribuye considerablemente a proteger nuestra salud, y no hay nada en el mundo que sea más valioso que el bienestar físico... a no ser el bienestar espiritual.

A eso se refería el apóstol Juan en una de sus cartas al decirle a un hermano en Cristo: «Oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.»2 San Juan sabía que Dios está interesado en nuestra prosperidad en su totalidad, es decir, que desea que prosperemos tanto en lo físico como en lo espiritual. Y ese Dios que hace milagros todavía «anda por el mundo», tanto en la Nochebuena como en los demás días del año, pregonando que hay abundancia de alimento espiritual para todo el que esté dispuesto a pescarlo en el mar de su gracia divina.

Carlos Rey

1 María Benedetti, «Cuando se disfruta de la pesca...», Palabras de pescadores: Entrevistas con pescadores comerciales de Puerto Rico 1991‑1995 (Mayagüez: Sea Grant Publicaciones, 1997), pp. 77‑89.
2 3Jn 2