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13 marzo 2018

Un desconocido compañero de viaje

«Un bongo [canoa mercante] remonta el [río] Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha.

»Dos bogas lo hacen avanzar mediante una lenta y penosa maniobra de galeotes....

»... En la paneta gobierna el patrón, viejo baquiano de los ríos y caños de la llanura apureña....

»... A bordo van dos pasajeros. Bajo la toldilla, un joven [Santos Luzardo] a quien ... su aspecto y su indumentaria denuncian al hombre de la ciudad, cuidadoso del buen parecer....

»... Su compañero de viaje es uno de esos hombres inquietantes... que hacen pensar en alguna semilla tártara caída en América quién sabe cuándo ni cómo.... Un tipo... completamente diferente del de los pobladores de la llanura....

»... —Ya estamos llegando al palodeagua —dice, por fin, el patrón....

»... Saltaron a tierra. Los palanqueros clavaron en la arena una estaca a la cual amarraron el bongo. El desconocido se internó por entre la espesura del monte, y Luzardo, viéndolo alejarse, preguntó al patrón:

»—¿Conoce usted a ese hombre?

»—Conocerlo, propiamente, no, porque es la primera vez que me lo topo; pero, por las señas que les he escuchado a los llaneros de por estos lados, malicio que debe de ser uno a quien mientan El Brujeador....

»... —Y ese Brujeador, ¿qué especie de persona es? —volvió a interrogar Luzardo.

»—Piense usted lo peor que pueda pensar de un prójimo y agréguele todavía una miajita más, sin miedo de que se le pase la mano —respondió el bonguero—. Uno que no es de por estos lados. Un guate, como les decimos por aquí. Según cuentan, era un salteador de la montaña de San Camilo y de allá bajó hace algunos años, descolgándose de hato en hato, por todo el cajón del Arauca, hasta venir a parar en lo de doña Bárbara, donde ahora trabaja. Porque, como dice el dicho: Dios los cría y el diablo los junta. Lo mientan asina como se lo he mentado por su ocupación, que es brujear caballos...

»...—Luego no me había equivocado.

»—En lo que sí se equivocó fue en haberle brindado puesto en el bongo a ese individuo. Y permítame un consejo, porque usted es joven y forastero por aquí, según parece: no acepte nunca compañero de viaje a quien no conozca como a sus manos....1

En este primer capítulo de su obra maestra Doña Bárbara, el eminente escritor venezolano Rómulo Gallegos hace hincapié en la importancia de conocer a la perfección a los que viajan con nosotros. Si esto es aconsejable en nuestros viajes ocasionales, con mayor razón lo es tocante a la persona que ha de acompañarnos «hasta que la muerte nos separe». Más vale que, antes de casarnos, invirtamos el tiempo necesario para conocer a nuestro futuro cónyuge «como a nuestras manos», ¡no sea que nos salga brujo o bruja, y quedemos embrujados de por vida! Si tenemos el debido cuidado de conocernos así de antemano, reduciremos el riesgo de que quien nos junte sea el diablo en vez del mismo Dios que nos ha criado.

Carlos Rey

1 Rómulo Gallegos, Doña Bárbara (Caracas: Sonia Gallegos de Palomino y Biblioteca Ayacucho, 1977), pp. 7‑10.