Menús de cabecera

11 abril 2018

Disposición a ayudar

Pero me pareció necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, a quien vosotros enviasteis a ministrar para mis necesidades. (Filipenses 2:25)

En los versículos 25 a 30 nos encontramos con Epafrodito. Él es un hombre con un temperamento distinto al de Timoteo. Epafrodito es el que trajo el regalo de Filipos y el que trajo esta maravillosa carta de vuelta a la iglesia filipense. Su popularidad es evidente en el hecho de que fue escogido por la iglesia para esta difícil tarea. Podemos entender de esta carta que probablemente era uno de esos hombres que eran amables, corteses y simpáticos, cuya disposición natural les hacía populares y prominentes en cualquier grupo.

Pablo dice que la cualidad que más aprecia en Epafrodito es su disposición a ayudar. Nota que dice: “me pareció necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, a quien vosotros enviasteis a ministrar para mis necesidades”. Todo esto nos muestra una disposición a ayudar. “Hermano” de nuevo habla de esa vida familiar, una fuente mutua de la vida en Cristo. Mi “colaborador” es una revelación de como trabajaron juntos en plena hermandad y con un interés común. “Compañero de milicia” es uno que comparte una lealtad común y una adherencia a la misma causa del apóstol. Él es el “mensajero” de los filipenses. La palabra en realidad es “apóstol”. Él es un embajador, un representante de otra persona.

Todos estos maravillosos títulos conllevan a uno que es maravilloso colaborador, uno dado a ser un fiel trabajador con otras personas, con un interés altruista que es la marca distintiva de un creyente en Jesucristo. El versículo 26 dice: “Él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y se angustió mucho porque os habíais enterado de su enfermedad”. La información había llegado a Filipos de que este hombre había estado terriblemente enfermo, y Epafrodito está angustiado de que ellos estuvieran demasiado preocupados por él. Está estresado porque han oído que estaba enfermo.

No pude evitar contrastar eso con tantos hoy en día que se estresan porque no hemos oído que estaban enfermos. Me encuentro con gente así de vez en cuando. A veces saludo a alguien y noto que hay un poco de frialdad. Al final sale a cuento, y me dicen: “¿No oíste que estaba enfermo?”. Digo: “No, no me enteré de eso”. Entonces: “Bueno, esperaba que alguien viniera a visitarme. Pero no vino nadie”. Me tengo que preguntar cómo la gente espera tener una visita de esa forma. Es interesante que cuando la gente está enferma llaman al doctor, o llaman al abogado cuando les ocurren problemas, pero esperan que el pastor o sus amistades cristianas lo entiendan por osmosis, y después se angustian porque no les ha llegado palabra.

Pues bien, no había tal lástima por uno mismo en Epafrodito. Evidentemente había aprendido a contar el interés propio y el egoísmo como una cosa infructífera, y había aprendido a creer en el amor que se da a sí mismo de Cristo que mora en nosotros. Su preocupación no era la lástima por sí mismo porque estaba tan desesperadamente enfermo, pero ansiedad pensando en que causaría que estuvieran demasiado preocupados por él. Aún en medio de su aflicción personal de una naturaleza de lo más seria, ha aprendido a manifestar un interés altruista por otros. Puedes ver el carácter de Cristo en él.

Señor, estoy cautivado por el espíritu de tener una disposición para ayudar. Sé que no viene por ningún fervor de la carne, una apasionada forma de lanzarme a una causa que yo mismo he producido, pero más bien por una tranquila dependencia en Ti, y una preparación para que las cosas pequeñas sean expandidas por Tu bien.

Aplicación a la vida

“Los fortuitos actos de bondad” pueden producir un sentido de satisfacción con uno mismo, y hasta provocarnos a promovernos a nosotros mismos. ¿Cuál es la contrastante fuente de una vida que está caracterizada por un deseo de ayudar a otros sin ser cohibidos por nosotros mismos?

Ray Stedman