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19 abril 2018

La amenaza de la religión exterior

Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo. (Filipenses 3:2)

Esta es una advertencia sobre la amenaza de la religión exterior. Esto parece como un súbito cambio de tema, pero es una conexión muy vital con el versículo previo. ¿Qué es lo que destruye el regocijo en el Señor? Es el pensar que las circunstancias externas son la cosa importante. Es el quitar la vista del Señor que mora en ti para fijarte en las circunstancias exteriores con las que estás preocupado y contarlas como lo que es importante. Eso inevitablemente destruirá el espíritu de júbilo. Así que él advierte sobre ciertos falsos maestros que estaban haciendo como que eran cristianos, que trataban de conseguir que la gente enfocara su fe en las cosas exteriores.

Los términos que utiliza para describir estos hombres son audaces y francos, porque en asuntos de esta importancia el apóstol no se muerde la lengua. Los llama tres cosas: perros, malos obreros y los que mutilan el cuerpo. La referencia a perros no es a las mascotas que tenemos hoy en día que mimamos, bañamos y les hacemos la manicura. Estos no eran caninos domesticados. Estos eran perros callejeros y medio salvajes que iban gruñendo por las calles de la ciudad. Todavía podemos encontrarlos hoy en día. El término “perro” es un término de reproche utilizado tanto por judíos como por gentiles. A causa de lo que se alimentaban los perros eran considerados animales impuros. Se alimentaban de la basura que había en las calles, carne y vegetales podridos que habían sido tirados.

A lo que Pablo se estaba refiriendo era a un grupo de hombres que continuamente le acosaban en todas partes donde iba, siguiendo sus pasos, intentando enfadar a los cristianos. Normalmente los llamamos “judaizantes”. Eran hombres que enseñaban que era necesario observar la ley de Moisés y las restricciones de la comida del pacto mosaico, y especialmente a circuncidarse si uno quería ser un cristiano de verdad, que estas cosas no habían sido desechadas por Cristo.

Desafortunadamente, estas personas todavía están con nosotros hoy en día. Pablo dice que, como perros, se estaban alimentando de la basura de los mandamientos carnales. Tienen en gran estima los rituales que eran de valor en el pasado pero que ahora se han podrido; están demasiado maduros. Sólo sirven para ser tirados a la basura. Eran malos obreros a causa de su fervor. Estaban buscando incansablemente convertir a los jóvenes creyentes a sus puntos de vista, a traerles de nuevo bajo la esclavitud de las restricciones legalistas. Se gloriaban en esta actividad como una marca de su reclamo a la bendición de Dios. Ellos pensaban de la siguiente forma: Dios TENÍA que bendecirles porque eran tan fervientes, tan dedicados a Su obra. Puedes ver fácilmente que esta gente todavía está con nosotros, los incansables trabajadores fervientes que van puerta a puerta con libros bajo los brazos, listos para convertir a cualquiera a un sistema legalístico, judaístico. Es esta clase de personas exactamente a las que se está refiriendo Pablo.

Ahora todo este tipo de enseñanza tiene un fuerte atractivo para nuestro pensamiento humano por su aparente muestra de devoción. Creo que todos nosotros en algún momento hemos sentido este tipo de atractivo, el atractivo de algún florido, solemne ritual hecho de una forma religiosa, como siendo digno de mérito frente a Dios. El serio, sincero esfuerzo de un trabajador incansable es atractivo. Es tan gratificante al ego religioso el desempeñar algún solemne ritual, y el estar constantemente ocupado en el trabajo religioso, e incluso el burlarse de la carne en alguna manera, quizás con algún atuendo distintivo o una postura distintiva. Todo esto, dice Pablo, es el enemigo de la verdadera espiritualidad. Destruye el espíritu del regocijo y hace de la religión una burla vacía y estéril. Pone el énfasis en lo externo y lo remueve de lo vital, los genuinos aspectos interiores de la fe.

Perdóname, Señor, que tan a menudo elijo la religión exterior en vez de la cosa verdadera y me pierdo el júbilo que viene de saber que Tú vives en mí y que siempre estás obrando Tus buenos propósitos en mi vida.

Aplicación a la vida

La gracia, que es el favor que no podemos ganarnos y que no nos merecemos, es contraproducente al sistema del mundo. ¿Estamos aprendiendo a servir a Dios y a otros a causa de la gratitud y la alabanza, regocijándonos en la obra que Él hace en nosotros y por medio de nosotros?

Ray Stedman