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07 abril 2018

Ningún otro como él

Porque no tengo a ningún otro que comparta mis sentimientos y que tan sinceramente se interese por vosotros. (Filipenses 2:20)

Nos encontramos con dos amigos del apóstol Pablo en la última mitad del capítulo 2. Estos eran hombres reales quienes bastante inconscientemente mostraron el carácter de Jesucristo, excelentes ejemplos de todo lo que Pablo ha estado escribiendo.

Primero, nos encontramos con Timoteo, en los versículos 19 a 24. Mientras que Pablo escribe sobre él, vemos que la calidad subyacente que caracteriza al hombre es Jesucristo. Vemos que Timoteo es un hombre excepcional. Pablo dice: “No tengo a ningún otro como él”. ¿No te gustaría que eso se escribiera sobre ti? Sé que hay muchas cosas en las que Timoteo no sobresalía. Con su débil cuerpo, estoy seguro que no era un buen atleta. Podría haber sido derrotado fácilmente en los deportes, o posiblemente superado en el aprendizaje. Pero hay un área donde ninguna persona podía ni acercarse a este hombre: su demostración de un interés genuino y ansioso por el bienestar de otros. Aquí está demostrando esa peculiar virtud cristiana, la marca distintiva de la presencia de Cristo en nosotros: ¡altruismo! Eso es lo que el Señor Jesucristo dijo sobre Sí mismo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29b).

El otro día leí una definición de mansedumbre que pienso que es tremenda. He estado buscando una definición para esa palabra durante años. No creo que haya ninguna otra palabra en las Escrituras que sea más malentendida que esa. La mayoría de nosotros pensamos de la mansedumbre en términos de debilidad. Nos imaginamos a alguna persona sin carácter, como Casper Milquetoast, que deja que todo el mundo se aproveche de él. Pero claro que esa descripción nunca se aplicaría a nuestro Señor. ¿Qué quiso decir cuando dijo: “soy manso”? Yo leo que “la mansedumbre es la calidad que recibe daño sin resentimiento y alabanza sin orgullo”. Timoteo está demostrando una total despreocupación por los derechos y privilegios de sí mismo, y un extrovertido, profundo y genuino interés por las necesidades de otros.

No me es totalmente claro lo que Pablo quiso decir cuando dijo: “pues todos buscan sus propios intereses”. Quiero pensar, sin embargo, que esto relata un poco de una historia, ya que según Pablo buscaba entre sus conocidos ahí en Roma a alguien que fuera a Filipos, le debió de pedir a un gran número de ellos que hicieran esto. Evidentemente todos se negaron. No porque no pudieran hacerlo. Estoy seguro que Pablo no se lo hubiera pedido si ese hubiese sido el caso. Pero se negaron porque estaban interesados tan sólo en sus propios asuntos. Todos tenían perfectamente buenas excusas de por qué ninguno de ellos podían emprender el viaje a Filipos. El único al que los asuntos de Cristo eran su empresa era Timoteo. Te puedes imaginar el aliento que hubiera sido al corazón del apóstol al estar deseando mandar a alguien a los filipenses que les ayudara con sus problemas, y todo el mundo se niega a ir a causa de sus propios intereses egoístas. Pero Timoteo dice: “Muy bien, Pablo, estoy listo para ir en cualquier momento, a cualquier sitio, donde sea”. Este era un hombre altruista. No es sorprendente que fuera un canal de poder en cualquier sitio que fuera, al ir estando listo para ser un instrumento de la gracia de Dios.

Padre, enséñame a ser una persona que genuinamente se interese por el bienestar de otros, y que esté dispuesto a demostrar ese interés en actos de servicio altruista.

Aplicación a la vida

¿Estamos satisfechos con nosotros mismos haciendo “actos de bondad fortuitos” que quizás nos cuesten muy poco? Al considerar el sacrificio incomparable de nuestro Señor de nuestra parte, ¿podemos hacer menos que alabarle con todo lo que tenemos y somos?

Ray Stedman