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16 abril 2018

Sin remordimientos

Leer Juan 19:1-5

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. (Juan 19:1)

“Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó.” Una frase bien corta para un castigo tan terrible. Los azotes romanos no eran broma. A la víctima se la desnudaba y ataba de cara a un pilar para prevenir que saliera corriendo o que se desplomara, y dos soldados experimentados se encargaban de dar los latigazos. ¿Cuántos? Entre los romanos la orden era de “no matar al prisionero antes que llegara a la cruz”.

Tal era el sufrimiento. Y tal fue el coraje que llevó a Jesús a través de semejante experiencia que a nosotros nos duele de sólo pensarlo. Tal es su amor: que Jesús hace todo eso para rescatarnos de los poderes de la oscuridad para hacernos suyos. ¿Cómo logró hacerlo?

El autor de Hebreos nos da una idea cuando nos dice: “... corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:1b-2, énfasis agregado).

Jesús nos tuvo en mente a ti y a mí. Ese “gozo que le esperaba” somos tú, yo y todos aquellos que por fe en él son llamados hijos de Dios. La noche anterior a su muerte, Jesús oró a su Padre diciendo: “He manifestado tu nombre a aquellos que del mundo me diste; tuyos eran, y tú me los diste, y han obedecido tu palabra... son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos” (Juan 17:6, 9b-10).

Así es como Isaías describe el resultado de la obra de Jesús: “Verá el fruto de su propia aflicción, y se dará por satisfecho. Mi siervo justo justificará a muchos por medio de su conocimiento, y él mismo llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11). Tú eres la razón por la cual Jesús creyó que valió la pena. Y no tiene ningún remordimiento.

Oración: Señor Jesús, sé siempre mi motivo de gozo, mantenme a tu lado y haz que a través de mi testimonio muchos más lleguen a la fe en ti. Amén.

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