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09 mayo 2018

El trabajo de un sacerdote

Después hizo que trajeran el otro carnero, el carnero de las consagraciones. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero, y Moisés lo degolló. Entonces tomó de su sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el dedo pulgar de su pie derecho. (Levítico 8:22-23)


Esta ofrenda era la ofrenda de la ordinación para el sacerdote. ¡Qué ceremonia tan extraña es! ¿Qué significa? La sangre siempre es un recordatorio de que no tenemos ningún valor aparte de la muerte de Cristo de parte nuestra. Eso es lo único que Dios acepta como valor alguno de nuestro tiempo aquí en la tierra. Y aquí el sacerdote ha de tener una oreja manchada de sangre, un pulgar manchado de sangre, y un dedo del pie manchado de sangre.

Ha de oír la Palabra de Dios como alguien que ya ha sido redimido, quien escucha la Palabra de Dios con el reconocimiento que no está oyendo simplemente unas buenas ideas, sino que está escuchando aquello que le puede liberar y aliviarle de las presiones y los problemas, y todo porque ya ha sido comprado por esa sangre. Hemos de oír la Palabra de Dios, no como mera filosofía, sino como la instrucción de Dios profundamente en nuestros corazones.

Y después hemos de server a los hombres. Eso es lo que siempre está simbolizado por la mano, el pulgar, probablemente el miembro de más utilidad en todo el cuerpo humano. Hemos de servir como gente que estamos manchados de sangre, reconociendo que no tenemos rectitud en nosotros mismos, que somos exactamente como todo el resto del mundo, pero como aquellos que, como aquellos a los que ayudamos, estamos constantemente en necesidad de la purificación de la sangre de Jesucristo.

En su carta a los Gálatas Pablo dice: “Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1). Recuérdate a ti mismo que tú puedes ser el próximo en caer. Y cuando caigas no quieres que alguien te apunte con el dedo y te juzgue severamente. Más bien, quieres que alguien venga a ti con comprensión: “Hermano, quizás yo nunca haya hecho lo que tú has hecho, pero sé que ciertamente podría haberlo hecho. Sólo quiero que sepas que sé cómo te sientes ahora mismo, y quiero verte purificado como tan sólo Dios es capaz de purificar”.

Finalmente, hay el pie manchado de sangre, que representa el andar por la vida con el recordatorio de que la purificación de la gracia de Dios se necesita todos los días, que nunca somos perfectos en esta vida, que aunque Dios haya hecho provisión para una vida de servicio y de andar en el Espíritu, sin embargo todos hemos fallado en cierto grado todos los días al tomarlo. Dios ha entendido eso y ha hecho provisión para ello.

Padre, gracias por este vistazo a Aarón y sus hijos. Abre mis ojos espirituales para que pueda ver más allá de Aarón y sus hijos a Jesucristo y Su familia, el gran cuerpo de Cristo del cual soy parte.

Aplicación a la vida

Nuestro alto y santo llamamiento como sacerdotes-sirvientes requiere constante purificación por la sangre que Jesús derramó por nosotros. ¿Están nuestros oídos afinados a Su santa sabiduría, nuestras manos disponibles a Su dirección, nuestros pies andando a Su ritmo?

Ray Stedman