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26 junio 2018

Manejando los flujos de la vida

Cuando se haya limpiado de su flujo el que tiene flujo, contará siete días desde su purificación. Entonces lavará sus vestidos y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y quedará limpio. Al octavo día, tomará dos tórtolas o dos palominos, vendrá delante de Jehová a la puerta del Tabernáculo de reunión y los dará al sacerdote. (Levítico 15:13-14)

Las enfermedades, aflicciones y flujos inevitables mencionados en este capítulo son de una seriedad mucho menor que la naturaleza de la lepra con la que hemos estado tratando en capítulos anteriores. Te acuerdas que cuando el leproso era purificado tenía que pasar por una ceremonia mucho más rigorosa que incluía varias ofrendas. Pero aquí la ofrenda más simple es prescrita ―dos tórtolas o dos palominos jóvenes: uno como ofrenda de pecado y una para una ofrenda quemada― la ofrenda más barata y más fácilmente disponible de todas las ofrendas. Sin embargo, Dios nunca deja de lado el requerimiento del derramamiento de la sangre de un sustituto inocente en lugar de uno que ha sido contaminado por cualquier razón. Por medio de esto enfatiza el gran hecho de que la naturaleza humana ha de ser manejada por la sangre. Es un problema profundo y complicado. No puede ser resuelto meramente por una reorganización de los síntomas superficiales. Dios nos está constantemente enfatizando esto en estas ofrendas.

Así que Dios ha proveído una manera, un remedio. Primero, una persona que ha sido contaminada ha de lavarse. El lavado siempre es una imagen de la acción de la Palabra de Dios. El pensamiento que ha contaminado a la persona, su declaración, su tono de voz, la actitud de su corazón, esa persona debe de tomar la Palabra y ver lo que la Palabra dice sobre ello. El lavarse con la Palabra es el comienzo de la purificación.

Y después “quedará impuro hasta la noche”. La impureza es lo que llamamos “estar fuera de comunión”. Significa el revertir de alguna forma por el momento del descanso y la dependencia en el Espíritu de Dios a una manifestación temporal de la carne, la vieja vida, la vieja naturaleza. Hay un descanso en la comunión con el Espíritu de Dios para que el flujo de la vida de Cristo en el creyente sea arrestado temporalmente. Aunque Cristo no le abandona por un solo momento, sin embargo no hay, por el momento, ningún disfrute de Su vida. Eso es el estar impuro, y ha de continuar hasta la noche.

El tercer elemento en la purificación es la ofrenda de sangre. A través de todo este libro encuentras que los agentes de purificación de Dios son siempre el agua y la sangre. La sangre, por supuesto, siempre habla de la muerte de Jesús de nuestra parte, que libera a Dios a amarnos sin ninguna restricción en absoluto. Pero el agua, de nuevo, representa la Palabra. Purifica nuestra conciencia. Puedes decir: “Sí, Dios me ha perdonado”. Pero lo que hace mucha gente es no perdonarse a sí misma. No permiten que su conciencia sea purificada. Pero cuando leemos en la Palabra de Dios que Él ha limpiado nuestro pecado y ha perdonado toda injusticia, si creemos esa Palabra, entonces nuestra conciencia está despejada y somos purificados por la Palabra. Por lo cual ya no hay ninguna razón por la que deba de sentirme culpable sobre esto. Dios me ha purificado. Ya no estoy sucio ni contaminado. “Estoy limpio”. Ese es el efecto del agua.

Padre, necesito la purificación de Tu Palabra, la purificación de Tu sangre. Gracias que están disponibles para mí. Oro que sea sincero sobre estos asuntos y que no dejare que continúen desatendidos. Ayúdame a mantener listas cortas contigo y deje que tu Espíritu Santo purifique toda la contaminación de mi vida.

Aplicación a la vida

¿Cuáles son las tres fases indicadas en la purificación por la contaminación del pecado? ¿Cuáles son los dos requisitos para exponer y tratar estos asuntos?

Ray Stedman