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24 junio 2018

¿Qué espera Dios de nosotros?

Sean ustedes santos, porque yo, el Señor, soy santo, y los he distinguido entre las demás naciones, para que sean míos. (1)

Cuando el Señor pronunció esas palabras, se las dijo a un pueblo que había creado él mismo a partir de un hombre fiel al cual le prometió una descendencia que sería tan numerosa como las estrellas del cielo; y como Dios no miente ni cambia de parecer obviamente cumplió con su palabra y a través de ésa gran nación mostró su poder y su gloria dándoles un nombre sobre todas las naciones, ellos llevaron durante milenios y hasta el día de hoy tienen el honor de ser conocidos como el pueblo de Dios.

Pero ¿qué esperaba a cambio? la escritura y su propia historia dice claramente que de ellos esperaba santidad, es decir, que se apartaran de las costumbres paganas de los pueblos vecinos y marcaran la diferencia entre todas las naciones idólatras, para que los vieran a ellos como la luz que los llevaría al conocimiento de la verdad. Del mismo modo, hoy en día Dios manifiesta su buena voluntad hacia la humanidad al darse a conocer hasta los confines de la tierra mediante Jesucristo, el cual vino a precio de sangre y nos compró para que seamos un sólo pueblo, su iglesia. Somos los encargados de dar a conocer el mensaje de amor, paz y reconciliación que Dios tiene para todo aquel que desee conocerle.

Como sacerdotes de Dios, él espera que estemos a la altura, que seamos dignos representantes de su hijo Jesucristo, así como Cristo en su momento lo representó a él y que los demás viendo nuestras buenas obras y nuestra buena voluntad glorifiquen a Dios y se acerquen a él para obtener el oportuno socorro.

Alam
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Levitico 20:26 (Nueva Versión Internacional)