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05 agosto 2018

Hagámos el trámite de cambio de propietario

Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano. (Exodus 4:20)

No puedo siquiera contar el número de ocasiones que he escuchado decir que la Biblia es un libro muy difícil de leer y ¿sabe?, ciertamente lo será si lo hacemos con la intención equivocada, es decir con cualquier otra intención que no sea conocer a Dios para tener una relación íntima y estrecha con el, es como un noviazgo, no amamos a la persona con la que salimos de inmediato, la empezamos a amar conforme la vamos conociendo y entendemos su carácter.

La Biblia está llena de pequeñas claves y pistas que solo tenemos que observar e iremos descubriendo cómo es que funciona el carácter de Dios y qué es lo que pretende lograr en nosotros y es así como iremos viendo el patrón repetitivo y altamente congruente de cómo Dios pretende conquistarnos y hacernos parte de su Reino.

Muchas veces, nos hemos preguntado “¿qué es lo que tenemos que hacer para que Dios nos bendiga?”, y la respuesta es de lo más sencillo, Dios no bendice nada que no pueda usar y no usa nada que no sea suyo y a lo mejor el ejemplo que usaré hoy le puede parecer algo bobo, pero es de gran relevancia si es que pretende usted ser beneficiado por Dios y su efecto.

Cuando Dios se encontró con Moisés, le dio la instrucción de usar su vara para hacer milagros, le indicó que la arrojase al suelo y esta se convirtió en una serpiente y cuando la tomó por la cola, regresó a ser una vara, esta vara siempre había sido la vara de Moisés, tenía años usándola y ciertamente era su apoyo y su instrumento, pero note, cómo Dios cambia el nombre y cambia la propiedad de la vara una vez que la usó, desde la primera vez que la usó para conquistar el corazón de Moisés, de modo que ya no era la vara de Moisés, sino ahora era la vara de Dios.

Dios es un caballero y no toma lo que no es suyo, como tampoco transforma el corazón de quien no lo haya invitado específicamente a hacerlo, es decir quien no haya entregado su vida a él, o bien en otras palabras quien haya dejado de pertenecerse a sí mismo y haya decidido ser parte de algo más grande que solo su comodidad y sus propias necesidades para pertenecer a Dios y ser usado por él constantemente.

De modo que debiéramos preguntarnos, ¿solo queremos que Dios nos “bendiga” esporádicamente o bien nos daremos la oportunidad de ser suyos y ser usados constantemente, hasta que el mundo nos vea y diga cómo se dijo acerca dela vara y la llamaban “la vara de Dios”?

Dios nos da la oportunidad y ser suyos, pero acompaña la invitación de una vida de privilegios, si de batallas también, pero cada una de ellas acompañada de triunfos, victorias y satisfacciones, como es digno de alguien que no solo es hijo, sino que pertenece a Dios, la realidad es que está en nosotros decidirlo y acercarnos a Dios con la intención de conocerle y hacernos suyos mientras más le conocemos.

Rene Giesemann